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Traen ópera El castillo de Barbazul

 

El castillo de Barbazul, ópera en un acto del húngaro Béla Bartók, muestra los laberintos del alma humana en una travesía fascinante y sobre-cogedora.

"Metáfora del propio personaje, el castillo se convierte en una caja de pandora que tiene compartimentos: una especie de laberinto en el cual se introduce el espectador", explica en entrevista Jesús Delgado a Yanreth Israde.

La puesta en escena se presentará en el Centro Cultural Universitario de la UNAM los próximos 1 y 2 de septiembre, con la Orquesta Juvenil Universitaria Eduardo Mata y Vladimir Sagaydo.

Estrenada en 1918, hace 100 años, esta ópera, una de las más enigmáticas del siglo pasado, se basa parcialmente en el cuento Barbazul, publicado en 1697 por Charles Perrault, quien a su vez se inspiró en la leyenda del mariscal Giles de Rais, asesino serial de niños.

Con libreto del poeta Béla Balász, la obra reúne a Barbazul con Judith, la mujer que se abisma en el alma de su amado y prosigue en su incursión a pesar de los horrores descubiertos.

En la obra nos alejamos del realismo; na hay un castillo con grandes columnas y arcos medievales para las puertas, porque entendemos que la ópera no es realista, habla de puertas que conducen hacia habitaciones que contienen bosques o que contienen una alberca que se descubre llena de lágrimas, entonces, como la ópera juega con esta situación continuamente.

El elenco estará formado por Dhyana Arom (Judith), Enrique Ángeles, barítono (Barbazul) y Vladimir Sagaydo (director concertador).

 

                                                                                                                                                                                                          Yanreth Israde


Récord de Plácido Domingo

 

El pasado día 23 de agosto al interpretar el papel de Zurga en la ópera El pescador de perlas de George Bizet, Plácido Domingo cantó su personaje lírico número 150 de su carrera, algo único en la historia de los cantantes de ópera, con lo cuál batió récord en Salzburgo, Austria.

"Zurga es el rol número 150 que he ensayado. Estoy muy feliz", señaló Domingo a la televisión pública ORF al comentar su actuación en la versión concertante de la ópera francesa, que ofrece el Festival de Salzburgo.

En el libreto de la ópera, Zurga y Nadir, dos pescadores, se enamoran de la misma mujer, pero juran renunciar a ella para mantener su amistad.

"He cantado muchas veces el papel de Nadir en mi juventud: creo que unas 50 veces. También he dirigido Los pescadores de perlas, el año pasado", recordó Domingo al expresar su satisfacción por su nuevo papel, esta vez de barítono.

Con la orquesta Mozarteumorchester Salzburg, bajo la batuta del maestro italiano Riccardo Minasi, el cantante madrileño, actúa en el Grosses Festspielhaus junto a la cantante rusa Aida Garifullina, el tenor mexicano Javier Camarena (en el rol de Nadir) y el bajo ruso Stanislav Trofimov (como Nourabad).

 

                                                                                                                                                                                   Con información de EFE

 


Representación de Elixir d'Amor, de Donizetti

El pasado sábado 10 de febrero tuvimos la oportunidad de asistir a la representación en vivo de la ópera Elixir de Amor de Gaetano Donizetti desde el Metropolitan Opera de Nueva York, en ésta ocasión tuve la oportunidad de verla en el extraordinario inmueble creado para la divulgación de las bellas artes en Cuernavaca, el Centro Cultural Teopanzolco.

Esta ópera de Donizetti es una de las obras más importantes y representadas bajo el género de la "ópera buffa" y en ella aparece una de las arias más gustadas para tenor: "Una furtiva lágrima".

Tanto la escenografía de Michael Yeargan como el vestuario de Catherine Zuber, que habíamos visto en la puesta en escena del Met en el 2012, cumplen ampliamente con su cometido.

Para esta representación en escena contamos en el reparto con dos debuts en el Metropolitan: la soprano Sudafricana Pretty Yende y el Director Concertador, el venezolano Domingo Hindoyan. Junto a ellos tuvimos la oportunidad de escuchar al tenor americano Matthew Polenzani, que cantó el mismo rol de Nemorino en 2012, y al bajo-barítono italiano Ildebrando D'Arcangelo y como Belcore al también barítono italiano Devide Luciano.

La Srita. Yende ofreció una combinación de elegancia y audacia a el rol de la campesina Adina en sus justas amorosas con el ardiente campesino Nemorino y a la intimidación y acoso del sargento Belcore. La señorita Yende cantó muy bien desde el principio, ganando calidez y profundidad como indiferencia y coquetería que se convirtió en amor.

Mr. Polenzani representó un excelente papel, cantando con fuerza flexible y una coloratura magistral a través de la trayectoria de su papel cambiante de enamorado, torpe e ilusionado. Dentro de todo lo anterior nos llevó al momento, dentro del segundo acto y su aria "Una furtiva lagrima" donde con gran emoción y estupenda realización logró que todos los asistentes nos fundiéramos en fuerte aplauso.

Tanto Mr. D'Arcangelo como el viajero-vendedor, Mr. luciano en el papel del prepotente Belcore realizaron adecuadamente ambos papeles.

Al final puedo decir que hemos salido del recinto con un gran sabor de boca y un renovado compromiso con este género musical. Por cierto, que más adelante en la temporada del Met, la señorita Yende cantará el rol principal de la ópera Lucia di Lammermoor de Donizetti.

Gracias y hasta la próxima.....................! 

                                                                               (Colaboración de Manuel Morales Camporredondo)

 


Próxima producción de la ópera, El juego de los insectos de Federico Ibarra.


El día 2 de febrero de 2018 se publicó un artículo en el periódico Reforma, donde la periodista  Erika P. Bucio entrevistó al compositor mexicano Federico Ibarra acerca de la próxima producción de su ópera El juego de los insectos con la Ópera de Bellas Artes y el montaje está previsto que corra a cargo del director Claudio Valdés Kuri. El proceso de producción se tiene previsto que sea de seis meses por lo que ya se empezó a trabajar en la puesta en escena de esta ópera.

Se trata de la ópera más extensa del catálogo de Ibarra, con dos horas y media de duración, con 18 solistas y orquesta.La ópera está  basada en la obra de teatro homónima de Karel Capek que sedujo al compositor por su crítica social con la adaptación de Verónica Musalem. La sinopsis podemos señalar que consiste la obra que durante la noche, un vagabundo se interna en un bosque, decepcionado del mundo de los humanos, y va a encontrar que hay muchos reflejos de este mundo humano en los insectos.

Con pocos textos, pinta perfectamente a cada personaje. Eso es muy difícil. Es una ópera que, a diferencia de la ópera tradicional, que es el recitativo  y el aria, todo el tiempo avanza. La dramaturgia avanza mucho más ágil de lo que suele ser una ópera, lo que resulta atractivo, para un director de teatro porque avanza el drama.

La escenografía correrá a cargo de Auda Caraza  y Atenea Chávez y la iluminación de Víctor Zapatero, con la coreografía de Alicia Sánchez y Bárbara Foulkes para la danza aérea. La producción es de Julián Robles.


Preparan rescate de la ópera Guatemotzin del Dr. Aniceto Ortega


En el transcurso de la semana del jueves 30 de noviembre al lunes 4 de diciembre, recibí de parte de mi hermano el Dr. Ignacio Morales, un artículo sobre el rescate actual de la ópera Guatemotzin del Dr. Aniceto Ortega del Villar, que se me hizo muy interesante por ser una de las primeras óperas compuestas por músicos mexicanos con temas nacionales y por otra parte tuve la oportunidad de conocer al que seguramente es nieto del maestro Ortega y que por cierto lleva su nombre y que inició sus estudios de medicina junto con mi hermano y por lo tanto acudía eventualmente a mi casa paterna.

El artículo de Erika P. Bucio publicado en un periódico nacional y que narra el origen y desarrollo de la ópera por Aniceto Ortega quien nació en Tulancingo, Estado de Hidalgo el 17 de abril de 1825 y que falleció el 17 de noviembre de 1875, aunque tuvo una distinguida carrera como médico y cirujano en la especialidad de ginecología, también hoy es recordado por su ópera Guatemotzin que se estrenó el 13 de septiembre de 1871 en el Gran Teatro Nacional en la Ciudad de México con Angela Peralta y Enrico Tamberlick en los papeles principales. Es ésta el primer intento consciente por incorporar elementos nativos a las características formales de la ópera. A pesar de que el Segundo Imperio había terminado con el fusilamiento, el 19 de junio de 1867, del emperador Maximiliano I de México, los esfuerzos del emperador por traer cultura a nuestro país, invitando a venir a compañías de ópera italianas no terminaron con su asesinato y las visitas de las compañías extranjeras se llevaron a cabo con regularidad. Además se contó con visitas periódicas de compañías españolas que representaron además de zarzuelas, el repertorio francés, hasta que en 1873, gracias a la labor cultural de Porfirio Díaz, se inició la visita de compañías francesas.

Samuel Máynez Champion, compositor y violinista resalta que Guatemotzin  "es la primera ópera de un compositor mexicano sobre un tema nacional para ser cantada en español". 

Sin embargo,  Cenobio Paniagua fue el primer compositor mexicano de ópera, escribió sobre temas europeos y adaptó libretos en italiano, de hecho para su primera obra utilizó un libreto de Felice Romani, libretista de Vincenzo Bellini, Gaetano Donizetti y otros más, esta obra titulada Catalina de Guisa, fue estrenada el 29 de septiembre de 1859, la cual fue dedicada al general Miguel Miramón.

Desde su estreno en la Ciudad de México Guatemotzin que estuvo dirigida por Enrico Moderatti, tuvo otra representación en el Teatro Principal de Veracruz tres días después y luego le cayó el silencio. Un olvido que Márquez Champion se propone remediar; trabaja ya en la dramaturgia para el estreno contemporáneo de la ópera en un acto.

En la ópera hay tres personajes: Cuauhtemoctzin, tenor; Hernán Cortés, bajo y la Princesa Isabel Tecuichpo, soprano, que se presume fue la hija predilecta de Moctezuma y quien se casó en primeras nupcias con Cuitláhuac y después con Cuauhtémoc.

El proyecto de Máynez Champion, además de elaborar el libreto para unir los nueve cuadros musicales, conservando las arias escritas por Ortega, contempla "devolver la lengua" a los indígenas. "Voy a hacer que Cuauthemoctzin y Tecuichpo hablen y canten en náhuatl clásico", dice, y respetará el molde melódico ya escrito.

A este esfuerzo precede la versión en náhuatl que Máynez, hizo de la ópera Motezuma de Vivaldi.

En cuanto a la orquestación, se incorporarán instrumentos prehispánicos. Prevé terminar su trabajo en junio de 2018.

Aniceto Ortega murió a la edad de 50 años en la Ciudad de México y fue enterrado en la capilla de la Escuela Nacional de Medicina. La plaza central de Pachuca, Hidalgo, lleva su nombre.

 


Un Ballo in Maschera en el Liceo


De paseo por Barcelona, tuve la oportunidad de conocer el Gran Teatro del Liceo el día 16 de octubre de 2017 y presenciar una representación de la ópera Un baile de máscaras de Giuseppe Verdi.

Dentro de un ambiente señorial por la magnífica arquitectura y decorado del teatro y viviendo en estos días la controversial independencia de la región de Cataluña, nos dispusimos a presenciar la magnífica y bella ópera en tres actos y con libreto en italiano de Antonio Somma, basado en el libreto de Eugène Scribe para la ópera Gustavo III de Daniel-Francois Auber que se basó superficialmente en el hecho histórico del asesinato del rey Gustavo III de Suecia.

Esta ópera fue estrenada el 17 de febrero de 1859 en el Teatro Apollo de Roma, con mucho éxito.

El elenco de ésta noche estuvo compuesto por:

 

Riccardo, Conde de Warwick y Gobernador de Boston      Fabio Sartori

                                                     Renato                                                                                           Giovanni Meoni                                                                                           Amelia                                                                                            Maria José Siri

                                                     Ulrica                                                                                              Patricia Bardon

                                                     Oscar                                                                                              Katerina Tretyakova

                                                     Samuel                                                                                           Roman Lalcic

                                                     Tom                                                                                                 Antonio Di Matteo

 

                                                     Dirección Musical                                                                         Renato Palumbo

 

Considero que Fabio Sartori desarrolló muy bien su papel de Riccardo, Gobernador de Boston, sin embargo notamos que ha aumentado de peso y no obstante se movió bien en el escenario.

Fue muy grato escuchar por primera vez las voces de Meoni, Siri, Tretyakova y Bardon que lo hicieron bastante bien. La media voz de Maria José Siri es muy aterciopelada y poderla escuchar es un privilegio para el oído.

Los bajos Lalcic y Di Matteo creo que estuvieron sobre actuados porque no es creíble que un cochecito de batería les hubiese causado tanto temor cuando se reunieron en casa de Renato para decidir quién sería el asesino de Riccardo.

La escenografía fue corriente, moderna, mala y se ve que quieren montar una ópera con tres pesos.

La orquesta y los coros estuvieron excelentes y creo que pasamos una velada agradable.

Les comentaré a modo de anécdota que al principiar el tercer acto se escuchó un grito que salía del público: ¡Vizca la república catalana! y por el otro lado del teatro se escuchó con más fuerza, la voz de otra persona que gritó: ¡Vizca la Espagna!, se generó un ambiente de tensión, sin embargo, una persona que se encontraba en las butacas del anfiteatro exclamó: ¡Vizca la cultura y vizca la música! con lo cual el director prosiguió con la ejecución de la obra hasta el final de la misma.

 


Plácido Domingo


Plácido Domingo llegó a México desde muy chico acompañado por sus padres Pepita Embil y Plácido Domingo.

Coincidimos en nuestros primeros estudios  en el Instituto México y formamos parte de la generación 1949-1954 de la etapa de la primaria la cual recuerdo con mucho cariño, así como, las brillantes interpretaciones que Plácido tenía durante los diferentes festivales del colegio. Recuerdo especialmente sus magníficas interpretaciones de "Granada" de Agustín Lara y debido a ello algunos lo apodaron "El Granado".

Quisiera retomar un artículo de Alfonso Diez en que narra uno de los hechos más nobles en la historia de Plácido. 

Dicen que Cataluña y Madrid han tenido cierta rivalidad de tiempo atrás, acentuada por la autonomía que buscan los catalanes y resulta que Plácido nació en Madrid y Carreras en Barcelona. Parece ser que se enemistaron por cuestiones políticas.

Dicen que cuando se presentaban en algún lugar ponían en su contrato, como condición para trabajar, que el otro no fuera invitado.

Pero en 1987 surgió para Carreras un enemigo más grande que Domingo, le diagnosticaron leucemia.

La lucha para salir del cáncer fue tremenda, se hizo el auto transplante de médula ósea y se sometió a un tratamiento de cambio de sangre que requería que viajara a los Estados Unidos una vez al mes.

Así no podía trabajar y a pesar de que contaba con un buen capital éste resultó mermado debido a los viajes y al costo del tratamiento.

 

No podía seguir adelante con ee ritmo de gastos y fue cuando se enteró de que en Madrid se había abierto una fundación cuyo único objetivo era ayudar a los enfermos con leucemia.

Carreras se sometió a tratamiento en esa fundación llamada "Hermosa" y gracias a eso pudo volver a cantar y se colocó de nuevo en el lugar de privilegio que sólo logran los buenos tenores.

Pero su sorpresa vino cuando al leer los estatutos de "Hermosa" se enteró de que el fundador y presidente de la fundación era Plácido Domingo.

Supo también que Plácido quiso mantenerse en el anonimato para que Carreras tomara el tratamiento y no se sintiera desanimado porque quien lo auxiliaba era "su enemigo".

El encuentro entre los tenores fue conmovedor y emotivo.

Plácido se presentaba en Madrid para dar un concierto y sorpresivamente llegó Carreras, se arrodilló a sus pies, le ofreció una disculpa y le agradeció lo que había hecho por él.

Plácido lo ayudó a levantarse, le dio un fuerte abrazo y ese fue el comienzo de una gran amistad.

Entrevistado posteriormente por una periodista, ésta le preguntó por qué había creado la fundación cuando sabía que iba a ayudar a quien lo consideraba su enemigo y además era uno de los pocos tenores que podían significarle competencia.

La respuesta de Plácido fue breve y concisa: "Porque no se puede perder una voz como esa".

Ese es Plácido Domingo.

Por cierto, un día 3 de febrero de 1999, el maestro Domingo dirigió la ópera Aida en el Metropolitan Opera de Nueva York y de alguna manera subrepticia mi esposa Raquel había tramitado la posibilidad de que lo pudiera saludarlo al final de la obra; mis hermanos Malú y Manuel con sus respectivos cónyuges tuvimos la grata experiencia de que Plácido nos recibiera en su camerino con la calidez que lo caracteriza y nos regalara algunos minutos de su tiempo, desde luego salieron a relucir algunos momentos de nuestra niñez y preguntar por algunos compañeros de clase que él frecuentaba más que algunos otros. Fue la cereza del pastel de ese viaje.


El drama se presenta en cualquier lugar que lo invoquen: la noche del 4 de marzo de 1960, el llamado "American Baritone", Leonard Warren, se desplomó sobre el escenario del viejo Metropolitan Opera, ubicado en Broadway y la calle 39 de Manhattan. 

El cantante había terminado de exponer vigorosamente el aria "Urna fatale del mio destino", precedida por el recitativo --en esta ocasión premonitorio-- "Morir, tremenda cosa" del tercer acto de la ópera maledetta: la sombría Forza del destino, de Giuseppe Verdi.

El barítono, de padres rusos (su verdadero apellido era Warrenoff) sorteó con bravura experimentada los verdianos escollos de una romanza claramente expuesta para su intérprete.

Durante su trance fatal, tal vez hizo una reflexión de su vida en breves instantes; algunos dicen haberlo escuchado toser roncamente y, por último, con voz entrecortada logró decir "Help me, help me!". Después de eso se desplomó sobre el cuerpo herido de su mortal enemigo, Don Álvaro, encarnado por el tenor Richard Tucker.

Luego de un tenso silencio, el propio director del MET salió a anunciar la muerte del artista. La función por supuesto se suspendió. 

El mundo lírico no volvió a ser el mismo a partir de ese momento. Se sabe que muchos grandes escenarios incluyen hoy en día aparatos desfibriladores entre su equipo de primeros auxilios para socorrer a los cantantes ante las contingencias de un género demandante física y psíquicamente.  Algunos también cuentan con médicos aprestados a intervenir en caso necesario.

El canto lírico es pródigo en accidentes de tal naturaleza. Poco tiempo después de la muerte de Warren, el glorioso tenor sueco Jussi Björling, nacido en 1911 al igual que Warren, sufrió un ataque al corazón en el escenario londinense del Royal Opera Covent Garden.

Sin embargo, sin la suerte de morir en el escenario, Björling lo haría unos meses después en su país natal. El acontecimiento tal vez haya truncado una de las más brillantes carreras de la historia lírica universal.

Por otra parte, uno de los tantos mitos  de la historia de la ópera es el que se refiere a la muerte de Enrico Caruso. La fábula tal vez haya nacido como consecuencia de la famosa escena final de la película protagonizada por Mario Lanza, El Gran Caruso, en el cual se presume falsamente que el gran tenor napolitano habría dado el paso supremo sobre el escenario.

Empero, hay algo de cierto en el mito: Caruso se desplomó en escena --víctima de una oculta pleuritis-- en Brooklyn Academy, donde la compañía del Metropolitan Opera representaba L'elisir d'Amore, de Gaetano Donizetti, la fatídica noche del 11 de diciembre de 1920. Se dice que fue la primera vez en que una función del Metropolitan quedaba inconclusa. Sin embargo, el tenor italiano no falleció en esa oportunidad sino seis meses después en su Nápoles natal.

"Quien canta sus males espanta", se dice frecuentemente. Vale la pena advertir, no obstante, que tal vez el canto no espanta las adversidades  pero si recluta de su lado y redime automáticamente a los espíritus malignos que pululan en ese cien veces bendito campo magnético que se llama escenario.

Como bien dijo el poeta lírico alemán Friedrich Hölderlin: "Solo al canto le está dado revelarnos los secretos arcanos". Sin embargo, al mismo tiempo, duramente hay que aceptar que ese médium  entre los dioses y los mortales que es el intérprete es también un ser humano común que sufre de nervios, hipertensión arterial, o cualquier otra enfermedad mortal.

Un relato con tintes de leyenda nos cuenta que cuando Leonard Warren quedó abatido sobre el escenario, el chirurgo (obligatorio personaje de relleno) exclamaba: "Lieta novella, è salvo, è salvo, o gioia!" (¡Feliz noticia, se ha salvado, oh alegría!). Algunos de sus compañeros de escena (entre los que destacaba la inigualable Renata Tebaldi) vieron en el singular episodio un presagio inefable de salvación eterna para quien había gozado la rara fortuna de morir en escena.

El emotivo homenaje que posteriormente  rindieron a Warren  sus compañeros --Tebaldi, Sereni, Tucker y Hines-- fue el preludio del final de esa enorme sala de teatro que, según confiables comentarios, representaba lo mejor de la acústica natural: el Metropolitan Opera.

Leonard Warren se convirtió al catolicismo debido a una experiencia que tuvo en la Catedral de San Patricio en Nueva York que se sintió invadido por la emoción y se puso a llorar. Lo que él reflexionó dentro de su ser fue que la religión católica incluía a la mujer.

Cuando Warren murió durante la función de "La Forza del destino" de Giuseppe Verdi en el Metropolitan Opera estaba su esposa Agathe y un sacerdote Monseñor Edwin Broderick de la Catedral de San Patricio, amigo del matrimonio. Ambos subieron al escenario y el sacerdote le dio la Extremaución.

El programa del Metropolitan Opera anunciaba la presentación de la ópera La Forza del destino de Giuseppe Verdi para el 4 de marzo de 1960 con el siguiente reparto:

 

Leonora                                           Renata Tebaldi

Don Álvaro                                      Richard Tucker

Don Carlo                                        Leonard Warren

Padre Guardiano                           Jerome Hines

Fra Melitone                                   Salvatore Baccaloni

Marquis de Calatrava                   Louis Sgarro

Curra                                               Carlotta Ordassy

Surgeón                                          Roald Reitan

 

Director                                          Thomas Shippers

 

Este es un artículo que leí hace mucho y que no recuerdo al autor del mismo pero cuyo contenido vale la pena difundir entre las personas que tuvieron la oportunidad de escuchar o de saber de la excelencia de éste gran barítono.


Mi Primera Experiencia en la Ópera

Mi primera experiencia en la ópera, fue el 29 de mayo de 1952 cuando asistí en compañía de mi padre, el Dr. Luis Morales Bolaños al Palacio de Bellas Artes para ver la representación de la ópera Los puritanos de Vincenzo Bellini, la cual daba inicio a la temporada de ese año.

Cuando entró María Callas a escena en el segundo cuadro del primer acto hubo personas seguramente aconsejadas por Battista (esposo de María) que aplaudieron, pero el siseo inmediatamente las calló. Esto provocó en María una reacción de lágrimas, estaba desolada en el camerino pensando que la habían siseado. Di Stefano entró al camerino y le dijo: "María, has cantado como el padre eterno"---expresión muy italiana---; y Carlos Díaz Dupond tuvo que insistir en que en México no se acostumbraba a aplaudir a los artistas cuando entraban a escena. Tuvo que venir la ovación a la polonesa y después del aria de la locura del tercer acto para que María se convenciera de que seguía siendo un ídolo en México. Di Stefano que estaba en plenitud de voz causó sensación, y en el dúo del último acto se vino abajo el teatro con la ovación a los dos divos que prodigaron agudos. Piero Campolonghi y Roberto Silva completaron con dignidad el cuarteto y en el pequeño papel de la Reina de Inglaterra estuvo Rosita Rimoch.

Debo confesar que a mis diez años no aprecié el valor que hoy en día le reconozco a la ópera, pero si puedo señalar que a mi padre le debo la afición y el gusto por este género de la música y que, junto con mis hermanos Ignacio, Malú y Manuel nos ha servido de motivación para reunirnos y compartir muchas experiencias que han resultado muy gratificantes. Con Manuel especialmente nos reunimos para compartir algo de música o intercambiar algunas óperas como obsequios o inclusive organizarnos para acudir a presenciar algunas representaciones en el Met.

No quisiera omitir que durante la representación de mis primeros puritanos me quede dormido en los brazos de Morfeo, durante el desarrollo del tercer acto, hasta que una nota fuerte de la música me hizo despertar.