Giuseppe Verdi  (1813-1842)

Giuseppe Verdi
Giuseppe Verdi

El mayor compositor operístico de todos los tiempos, desde mi muy personal opinión, ha sido el supremo maestro de la ópera italiana, don Giuseppe Verdi, que nació el 10 de octubre de 1813 en Roncole, que pertenecía al territorio de Parma.

En 1805, se casó Carlo Verdi con Luigia Uttini, cuyos padres llevaban la posada en Busseto. De esa unión nacería el compositor Giuseppe Verdi.

Carlo Verdi vivía en una casa alquilada que estaba situada en el centro del pueblo, era la "Casa Padronale", una hermosa casa con un fresco de la Virgen María, un escudo de armas y la fecha de 1695 sobre el pórtico. Se le conocía como la Ostería Vecchia o Taberna Vieja.

El 1 de marzo de 1798, murió el abuelo Giuseppe Verdi de un infarto al miocardio, mientras caminaba junto a la iglesia de Santa María degli Angeli que pertenecía a la orden de los franciscanos y era uno de los monumentos más bellos, ejemplo del estilo gótico lombardo.

El 11 de octubre de 1813 se casó Marcontonio Verdi, el hermano menor de Carlo quien aprovechó la ceremonia para llevar a bautizar a su primer hijo casi al noveno año de matrimonio. Los padrinos de Giuseppe fueron Barbara Bersani y Pietro Caroli. Recibió los nombres de Giuseppe, Francesco, Fortunino.

Al compositor de niño lo llamaban Peppino, sus amigos y parientes. Cuando Verdi aún no había cumplido tres años, sus padres tuvieron otra hija, Giuseppa Francesca. El vínculo que se estableció entre Verdi y su hermana era muy fuerte: "Verdi amaba tanto a su hermana como ella a él". Ella y Verdi vivieron juntos en la casa hasta que él tuvo diez años. Después de 1823, Verdi vivió en Busseto. El empleo prudente de las palabras sugiere con fuerza qué a Verdi, incluso cuando sólo era un niño, se le respetaba más que se le amaba.

Desde muy pequeño a Verdi le gustaba la música, al grado que cuando escuchaba algún órgano no paraba de pedir que lo acercaran al instrumento para deleitarse con su sonido, al grado que sus padres decidieron regalarle un instrumento propio, una pequeña espineta. Cuando murió, Verdi dejó su espineta a la Casa di Riposo en Milán, el albergue para músicos ancianos e inválidos que el maestro construyó. Ahora se encuentra en el Museo Teatrale alla Scala.

En San Michele Arcangelo es donde se encuentran las bases del amargo anticlericalismo que más tarde tiñó las opiniones de Verdi y que lo acompañó toda la vida. Sin embargo, debemos leer el relato familiar de la niñez de Verdi relativo al puntapié o empujón que le asestó un sacerdote colérico y lo hizo rodar por los escalones del altar de San Michele. Un día cuando tenía siete años ayudaba en la misa al celebrante, don Giacomo Masini. Por un momento se distrajo escuchando la música que llegaba del órgano y no oyó al sacerdote que le pedía las vinajeras del agua y del vino. Don Masini, exasperado por la falta de atención de Verdi, empujó al muchacho, lo que le hizo perder el equilibrio y caerse del altar. Públicamente avergonzado, Verdi en su humillación, maldijo al sacerdote: "¡Dio t'manda 'na sajetta!", (Dios quiera que te parta un rayo). En esas tierras el rayo es un fenómeno natural y como fue lógico, la maldición del niño al sacerdote, fue motivo de escándalo.

La maldición del muchacho se cumplió. Es indudable que esto fue lo que dio la importancia al suceso, que de lo contrario tal vez habría sido olvidado. Ocho años después que Verdi lanzará su maldición a Don Masini en Roncole, el sacerdote fue fulminado por un rayo y murió en la iglesia de la Madonna dei Pratti. Además del sacerdote Masini, murieron cuatro sacerdotes y dos miembros laicos del coro, uno de los cuales era Gaetano Bianchi, primo de Verdi.

Se había fundado una nueva Societa Filarmonía el 12 de agosto de 1816. Los responsables de su popularidad fueron dos librepensadores de arraigadas convicciones anticlericales, Federico Provesi, organista de San Bartolomeo y su amigo Antonio Barezzi que emergía como mercader importante de la ciudad.

Los Barezzi parecían estar auténticamente dotados para la música y el arte. Su hija Margherita, que estudió piano con Provesi y luego enseñó éste instrumento, tenía una bella voz.

Al cabo de poco tiempo, Seletti lo llamó, pues Verdi era demasiado buen estudiante como para que se le permitiera pasar inadvertido. El maestro de escuela le aconsejó que dejara el centro de enseñanza o la escuela de música, pues no podía servir a dos dioses al mismo tiempo. Por temor a que lo expulsaran del centro de enseñanza, Verdi comenzó a descuidar sus lecciones de música. Puesto que en un principio había sido su mejor alumno, Provesi, su maestro de música, se preocupó por la caída de interés por parte del muchacho. Cuando le preguntó por qué había aflojado tanto su trabajo, Verdi respondió, no sin turbación, que Seletti le había sugerido que dejara la música, y prestara más atención a sus otros estudios. Puesto que Provesi enseñaba retórica en el centro de estudios, pudo convertirse en el tutor de Verdi y no era un simple maestro de música (gran parte de lo que Verdi sabía de teatro lo aprendió en realidad en esa época con Provesi). Ante el temor de perder a su dotado alumno, Seletti dejó de acosar a Verdi.

La filarmónica suministraba  gran parte de la música que se oía en Busseto y las ciudades vecinas. Después de graduarse de sus estudios de segunda enseñanza, Verdi quedó en libertad para continuar con su música, que muchos ya consideraban que era el trabajo de su vida. Se presentó la oportunidad de tocar cuando el capitán Luigi Soncini había contratado un servicio especial para la escuela; cuando por alguna razón no podía tocar,  Seletti pedía a Verdi que lo reemplazara; el muchacho que por entonces no tenía más de trece años, tocó con tal virtuosismo que quienes lo escuchaban quedaron auténticamente sorprendidos. Esta primera actuación pública de Verdi en Busseto fue un completo éxito. 

¿De quién era la música que tocabas? Preguntó Seletti; era mía Signor Maestro. La tocaba tal como venía, respondió Verdi, sonrojado. Continúa con ello, hijo. Para siempre, estudia música. Tienes razón. No seré yo quien te diga que la dejes. A partir de hoy, no.

Verdi escribió una obertura para "Il barbieri di Siviglia", de Rossini que se ejecutó antes de una representación que daba una compañía de ópera que visitaba Busseto. "El aplauso y las ovaciones que el público dedicó a esa primera partitura fueron prolongados y estruendosos". Así se estrenó Verdi como compositor, escuchando su partitura ejecutada por un conjunto que le era familiar y como parte de una velada operística profesional.

Exploró las obras de tres escritores que después influirán en su desarrollo; Shakespeare, Vittorio Alfieri y Alessandro Manzoni.

Una de sus primeras composiciones fue una cantata en ocho movimientos llamada: " I deliri di Saúl ", basada en el drama de Alfieri titulado " Saúl ". Demaldé escribió: "Esa composición es una verdadera joya, una piedra preciosa, algo de cuya autoría se sentiría feliz cualquier maestro acreditado. 

Barezzi recordó en su diario, sus impresiones personales de esa obra que era -dice- "para orquesta completa y voz solista de barítono, la primera obra ce cierta significación (que Verdi ha escrito), compuesta a los quince años tan sólo y en la que da muestras de imaginación vivaz, perspectiva filosófica y sólido juicio en el arreglo de las partes instrumentales".

La relación entre Antonio Barezzi y Verdi era prácticamente como la de un padre e hijo.

Dejó Busseto en compañía de su padre y de Provesi para ir a Milán. Verdi presentó su solicitud formal de ingreso en el conservatorio el día 22 de junio de 1832 y a finales del mismo mes se presentó ante la mesa examinadora. Frente a él estaban Alessandro Rolla, Francesco Basily, director del conservatorio; Gaetano Piantanida, su asistente, profesor de contra punto, y Antonio Angeleri, profesor de piano e inventor de un nuevo método de teclado.

Tras ocho días, Verdi fue a ver a Rolla, como estaba planeado. El anciano le dijo simplemente que no volviera a pensar en el conservatorio, sino que eligiera un maestro en la ciudad. Verdi quedó resentido con el conservatorio. El 22 de junio de 1832, la solicitud de Giuseppe Verdi de ingresar en el conservatorio quedó rechazada.

Sufrió dos pérdidas personales: la primera fue la muerte de Provesi, el 26 de julio; la segunda, la de su hermana Giuseppa el 9 de agosto.

Cuando Verdi tuvo un libreto, según el mismo cuenta, el responsable fue Massini: "Massini que al parecer confiaba en el joven maestro, me propuso que escribiera una ópera para el Teatro Filodrammatici, que él dirigía, y me facilitó un libreto que luego, modificado en parte por Solera, se convirtió en "Oberto, Conte di San Bonifacio". Acepté la oferta con placer y regresé a Busseto.

Verdi fue nombrado maestro de música el 5 de marzo de 1836. Verdi y Margherita Barezzi se comprometieron oficialmente el 16 de abril de 1836 y cuatro días después, Verdi firmaba su contrato como maestro. Verdi y Margherita se casaron el 4 de mayo de 1836, cumpleaños de la novia.

El 26 de marzo de 1837, Margherita tuvo un bebé, una niña. Ella y Verdi la llamaron Virginia por la tragedia de Alfieri del mismo nombre. Margherita volvió a dar a luz a su segundo hijo, esta vez fue varón "Icilio Romano" nombre tomado de un personaje de Virginia de Alfieri. En agosto el dolor invadió la casa de los Verdi con la muerte de Virginia que tenía dieciséis meses.

Renunció como maestro di capella el 28 de octubre de 1838, decidido a dejar Busseto. El 6 de febrero de 1839, Verdi, su mujer y su hijo se trasladaban a Milán, a un futuro en el que se atisbaba una pálida esperanza de éxito.

Para el estreno de la ópera de Verdi, "Oberto, Conte di San Bonifacio", nunca se hubiera podido esperar mejores cantantes que los que le ofreció Merelli. Para esa temporada La Scala tenía contratados a dos artistas muy famosos: el tenor Napoleone Moriani y el barítono Giorgio Ronconi, ambos en el apogeo de sus respectivas carreras; Moriani,  "el guapo cisne del Arno" tenía treinta y tres años y ya era un veterano con multitud de actuaciones. Se jactaba de un poderoso DO de pecho a plena voz; Giorgio Ronconi era justamente famoso por la belleza de su voz, la sensibilidad de su fraseo y sus cualidades de actor.

Cuando la administración de La Scala distribuyó a sus cantantes las particelas de la ópera de Verdi; Strepponi se recuperaba del parto de su segunda hija, Giuseppa Faustina, nacida en febrero de 1839, en Florencia, exactamente seis horas después que su madre terminara de cantar "Il giuramento" en el Teatro Alfieri.

Un nuevo golpe emocional se presentó en casa de los Verdi, ya que su hijo Icilio Romano enfermó de gravedad que ni los médicos de Milán pudieron diagnosticar. Finalmente, el niño murió de bronconeumonía cuando el niño no había cumplido dieciocho meses y fue enterrado en la antigua basílica milanesa de Sant'Ambrogio.

Se había previsto el estreno de la ópera "Oberto, Conte di San Bonifacio" en La Scala, para el 17 de noviembre de 1839, más de tres años después de la fecha en que Massini y Verdi habían esperado representar una obra de éste. Merelli proporcionó

a Verdi tres cantantes de primera fila: Antonieta Raineri-Marini, que cantó el papel de Leonora; su marido Ignazio Marini, bajo, con un papel pequeño y el tenor Lorenzo Salvi en el papel de Riccardo. Puede medirse el éxito de esta ópera por las catorce representaciones de esa temporada y la cantidad de veces que Verdi tuvo que salir a agradecer los aplausos el día del estreno.

Merelli informó a la administración de los Teatros Reales Imperiales que en la temporada de otoño siguiente daría Oberto, de Verdi; "Il templario" de Nicolai y una ópera cómica de Nini.

Verdi sufrió otra devastadora pérdida personal:  Margherita fue atacada por una enfermedad que, según los registros civiles, era "fiebre reumática". Los servicios funerarios tuvieron lugar en la basílica de Sant'Ambrogio.

Verdi cayó en una depresión tan grave que su profundo dolor lo llevó a abandonar todo por completo y para siempre. Aviso a Merelli que ya no tenía intenciones de volver a componer y que no terminaría su compromiso de entregar la nueva ópera.

Pero Merelli, no liberaría a Verdi de su compromiso contractual.

Un giorno di regno fue la segunda ópera de la temporada; se estrenó el 5 de septiembre de 1840 con Antonieta Rainieri-Marini y Lorenzo Salvi que habían cantado el año anterior en su Oberto. Entre sus cantantes, la mejor fue la joven soprano Luigia Abbadía, dotada de una voz fresca y bella.

Curiosamente, el fracaso de Un Giorno di Regno fue lo que mantuvo a en la profesión y aseguró la continuación de su carrera. Merelli programó laópera en La Scala para el 17 de octubre y fue bien recibida por el mismo público que la había silbado y reprobado la primera vez.

Merelli invitó a Verdi a que leyera un libreto de Solera que tenía en su escritorio y ante su insistencia se lo llevó a su casa y lo arrojó sobre el escritorio y al abrirse el sobre, lo miró fijamente en la página que tenía enfrente y vio el verso "Va pensiero sull'alli dorate... ". Merelli no tenía confianza en Nabucco y no quiso arriesgar dinero, todo eso obligó a Verdi a producirlo por su cuenta y riesgo, acordando con Merelli qué si el resultado era un éxito, la administración del Teatro le reembolsaría los gastos, y si fracasaba, él asumiría solo las pérdidas.

Cuando Verdi revisaba los detalles de la ópera Nabucco con Solera, mencionó que en el tercer acto se encontró con un insignificante dúo de amor entre Fenena e Ismaele y Verdi narra el siguiente relato: "Finalmente me preguntó que era lo que yo quería en lugar del dúo, y le sugerí una profecía del profeta Zacarías. No le pareció mala idea. Entonces cerré la puerta con llave, me puse ésta en el bolsillo y dije a Solera: "No saldrás de aquí hasta que hayas escrito la profecía. Solera lo tomó a mal; la rabia le encendió los ojos; pero tras un momento se sentó al escritorio y quince minutos más tarde la profecía estaba escrita".

Nabucco se representó en La Scala el 9 de marzo de 1842; en la primera representación contó con Giuseppina Strepponi, Giovannina Bellinzaghi, Giorgio Ronconi, Corrado Miraglia y Prósper Dérives en el reparto.

Durante el verano de 1842,  Verdi escogió su próximo tema para su siguiente ópera, "I Lombardi alla prima crociata", para cumplir con su obligación con La Scala. El tema de su nueva ópera era religioso-patriótico, pues se trataba de un espectáculo de dimensiones heroicas con un papel importante para el coro. Se centraba específicamente en Milán y mostraba a los lombardos en la primera cruzada a Tierra Santa. Verdi contó con un excelente reparto que incluía a Erminia Frezzolini, la soprano, y a Carlo Guasco, que se estaba convirtiendo en uno de los principales tenores de Italia. Prósper Dérivis, el Zaccaria de Nabucco, cantó el papel de Pagano; el Arvino del estreno fue Giovanni Severi, quien se convirtió en uno de los amigos más cercanos de Verdi.

La noche del estreno, 11 de febrero de 1843, Frezzolini le comentó a Verdi: "No se preocupe, maestro. Si hace falta, moriré en el escenario esta noche, pero su ópera triunfará. El coro "O Signore, dal tetto natio" se convirtió en un himno popular de rebelión en Lombardía, al igual que "Va, pensiero". 

La duquesa Marie Louise aceptó la dedicatoria de la ópera I Lombardi y ella le dio a Verdi un alfiler de oro con incrustaciones de diamantes.


Giuseppe Verdi  (1843- )

Ernani se estrenó en el Teatro La Fenice de Venecia el 9 de marzo de 1844, con Carlo Guasco, Sofía Löwe, el barítono Antonio Superchi y el bajo Antonio Selva.

Entre el estreno de Ernani y el de la Battaglia di Legnano, en enero de 1849, Verdi compuso constantemente; en ese período, sólo Jérusalem fue reelaboración de una partitura anterior.

El hijo de Lanari, que fungía como empresario del Teatro Argentina de Roma, logró convencer a Verdi de estrenar una ópera en este teatro y el día 3 de noviembre de 1844, se presentó I due Foscari con Marianna Barbieri-Nini, el bajo Achille de Basini y el tenor Giacomo Roppa. La ópera tuvo una recepción más bien decepcionante y podría decirse algunas cosas al respecto, como qué las entradas estuvieron a precios exorbitantes, sin embargo, para el compositor hubo impresionantes ovaciones personales y el teatro agotó sus localidades para todas las primeras representaciones. El gobierno mandó acuñar una medalla con la imagen de Verdi.